[Ez] Ensayos de historia de la ciencia dm AENA TERA) Primera serie

Roberto Moreno de los Arcos

NA

Universidad Nacional Autónoma de México México 2017

Ensayos de historia de la ciencia y la tecnología en México

Resumen

Cuidadoso e ilustrativo trabajo sobre la vida y la obra de destacados científicos novohispanos, españoles y mexicanos, como José Ignacio Bartolache, Antonio de León y Gama, Francisco Antonio Bataller y fray Juan Navarro. También hay un apartado dedicado al adelanto de la ciencia durante el periodo de la Revolución Mexicana.

Abstract

Careful and inllustrative work about the life and work of prominent Novo- Hispanic, Spaniards and Mexican scientists, as José Ignacio Bartoloache, Antonio de León y Gama, Francis- co Antonio Bataller and fray Juan Navarro. Also there's an appendix dedicated to the advance of science during the Mexi- can revolution period.

Eogreative

commons

Los contenidos de este libro pueden ser reproducidos en todo o en parte, siempre y cuando se cite la fuente y se haga con fines académicos y no comerciales

Ensayos de historia de la ciencia y la tecnología en México Roberto Moreno de los Arcos Historia de la Ciencia y la Tecnología / 2 Primera edición electrónica en epub: 2017, de acuerdo con la tercera edición en papel de 1986 DR O 2017. Universidad Nacional Autónoma de México INSTITUTO DE INVESTIGACIONES HISTÓRICAS Circuito Mtro. Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria Coyoacán, 04510, Ciudad de México ISBN 978-607-02-8291-1

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Moreno de los Arcos, Roberto, autor.

Ensayos de historia de la ciencia y tecnología en México. Primera Serie / Rober- to Moreno de los Arcos (Historia de la Ciencia y la Tecnología, 2) 1 recurso electrónico Libro epub ISBN 978-607-02-8291-1

Cómo citar: Moreno, Roberto, Ensayos de historia de la ciencia y tecnología en México (prime- ra edición en formato epub), México, Universidad Nacional Autónoma de Méxi- co, Instituto de Investigaciones Históricas, 2017 (Historia de la Ciencia y Tecno- logía, 2).

Ensayos de historia de la ciencia y la tecnología en México Libro electrónico editado por el Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM, se terminó de producir el 31 de enero de 2017. La edición electrónica en formato epub 2.0 (21.8 MB) estuvo a cargo del De- partamento Editorial del Instituto de Investigaciones Históricas, Circuito Mtro. Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria, Coyoacán, 04510, Ciudad de México. Participaron en la edición: Rosalba Cruz (edición de proyecto), Natzi Vil- chis (editor técnico), David Martínez y Andrés Pliego (digitalización), Emma- nuel Olvera (producción de archivos), Mónica Torres y Giselle Villaseñor (lectura de pruebas), Eduardo Besares y Luis Correa (verificación de conteni- dos), Carmen Fragano (administración de contenidos).

Las opiniones expresadas por los autores no necesariamente reflejan la postura del editor de la publicación ni de la UNAM

Hecho en México/Made in Mexico

UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO

MÉXICO 2017

PRESENTACIÓN

e recogen en este libro ocho ensayos, escritos

entre 1970 y 1982, sobre historia de la ciencia y la

tecnología mexicanas. Su enfoque y contenido es

muy variado pues los hay tanto de simple recopilación eru-

dita como de reflexión sobre aspectos generales. Casi todos

se publicaron en distintas revistas especializadas de manera

que se dificulta su localización, lo que justifica recopilarlos,

pues de alguna manera ofrecen un panorama de la ciencia

mexicana desde la penetración de la ciencia occidental hasta la década de 1940.

El primero de los ensayos, el más antiguo, representó un esfuerzo —algo fallido— por perseguir, en la literatura natu- ralista del siglo xv1, la imagen de Plinio y su decisiva influen- cia sobre los científicos españoles que iniciaron la descrip- ción del Nuevo Mundo. Aunque ahora seguramente le daría un enfoque distinto al tema, lo publico tal como apareció en su tiempo por la consideración de que muestra una faceta posible en la historia de la ciencia y por la información que reúne sobre los naturalistas del siglo xv. [ 1 ]

El segundo ensayo “Aspectos de la tecnología en la colo- nia novohispana” fue leído en 1980 en el simposio sobre “En- foques de la historia de la ciencia y la tecnología en países de habla hispana”. Su propósito es el de presentar algunas reflexiones sobre el proceso tecnológico en el México colo- nial y la forma más conveniente de estudiarlo. [ 2 ]

La ponencia “Astronomía mexicana del siglo xvm” fue leída en el Simposio de Historia de la Astronomía que se efectuó en la ciudad de Ensenada en abril de 1982. Su intención es la de presentar un panorama de lo mucho que existe en ese

campo y lo poco que se ha trabajado. La simple enumeración de los impresos y manuscritos y de los catedráticos y autores muestra la riqueza y complejidad de la astronomía dieci- ochesca, que ha de trabajarse con el mayor rigor. [ 3 ]

El cuarto ensayo, sobre el médico José Ignacio Bartolache, incluye el texto de la introducción al periódico Mercurio Vo- lante. [ 4 ] Con ciertas reformas al orden que se le dio para el libro queda una breve biografía del personaje. [ 5 ]

Otro ensayo biográfico se ocupa del historiador y astróno- mo Antonio de León y Gama. En este caso se suprime del texto anteriormente publicado toda la parte referente a los escritos históricos, tanto porque no son científicos como porque he seguido encontrando nuevos materiales sobre el particular. De esta suerte, se muestra nada más el aspecto del personaje como astrónomo y autor de textos médi- cos.[ 6]

Otro más se dedica al científico español Francisco Anto- nio Bataller, con la publicación de un expediente de la rela- ción de sus méritos y servicios. De esta manera se precisan muchos datos biográficos que se desconocían por comple- to. [7]

La obra de historia natural del fraile lego Juan Navarro se estudia en otro artículo. El manuscrito que en este ensayo se describe sigue inédito a pesar del gran mérito de sus ilustra- ciones. [ 8 ]

El último ensayo, sobre la ciencia en la Revolución mexi- cana, se presentó en un simposio sobre ciencia y revolución celebrado en Boston en febrero de 1976. La versión en inglés se publicará en las memorias de aquella reunión. Esta es la primera edición en castellano.

No intento con esta recopilación establecer ningún tipo de

6

preceptiva sobre cómo enfrentar nuestra historia de la cien- cia y la técnica. Refleja cada uno de los textos la índole de mis preocupaciones en aquellos años. Si aún tienen interés será tan sólo por la dosis de esfuerzo que les puse.

Ciudad de México, 10 de octubre de 1983

A la memoria del ingeniero Alfonso Cornejo Canalizo, mi maestro de la historia de la ciencia

I. DEPLINIO Y LA HISTORIA

NATURAL EN NUEVA ESPAÑA

[Ir al Contenido]

I. DE PLINIO Y LA HISTORIA NATURAL EN NUEVA ESPANA l inicio de la era cristiana vio aparecer un perso- naje a todas luces singular. Erudito hasta la manía, Caius Plinius Secundus logró la suma de todos los conocimientos naturales de la Antigiledad. Plinio (para darle su nombre castellano) nació en Como en el año 23 y murió, según refiere su sobrino, en la primera erupción del Vesubio en el año 79; se había aproximado demasiado a observar el fenómeno. Plinio el Viejo, llamado así para distinguirlo de su pariente Cayo Plinio Cecilio, dedicó todo el que pudo del tiempo de su vida al aprendizaje de los hechos naturales a fin de escribir un libro que contuviera toda la ciencia natu- ral; llevó su rigor y disciplina a límites increíbles: en la comi- da y el baño hacía que le leyeran, y una vez regañó a su so- brino por perder el tiempo. Plinio Cecilio lo relata así: “Acuérdaseme haberme reprehendido una vez que me vio pasear diciendo que pudiera no perder aquellas horas, por- que él tenía por averiguado perecer todo el tiempo que no se gastaba en estudiar” (Carta a Marco). Lo curioso del caso de Plinio es que, con cierta injusticia, la fortuna lo favoreció con la celebridad, casi por la pura circunstancia de que su obra es la única que se conserva sobre la historia natural an- tigua (descontando los pequeños opúsculos de Aristóteles: De generatione animalium, Historia animalium y De partibus animalium, que deben verse dentro del marco del pensa- miento aristotélico y no como la obra de Plinio, más descrip- tiva de particularidades que inquisitiva sobre las causas).

La magna Historia natural consta de 37 libros y, según

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anota el propio Plinio, recoge: “veinte mil cosas dignas de cuidado [...] con lección de casi dos mil volúmenes [...]”. Ahí se pueden leer infinitos datos sobre los continentes y su ori- gen, los ríos de la tierra, los animales que la pueblan y que van desde los elefantes hasta el ave fénix, las plantas comu- nes y la mandrágora de fuertes propiedades afrodisíacas que grita como un hombre cuando se la arranca, y los minerales con sus notables virtudes. El plan de la obra cubre todas las informaciones de la forma siguiente: Libro l, prefacio y lista de autoridades; Libro II, meteorología y astronomía; Libros IM-VL, geografía; Libro VIL el hombre; Libros VII-XI, zoolo- gía; Libros XII-XXVIL botánica y farmacología; Libros XX- VIM-XXXIL, medicamentos animales; Libros XXXIT-XXXVIL, mineralogía y técnicas mineras.

Pese a su circunspección, Plinio intentó realizar en un solo volumen la síntesis de la naturaleza. Tal esfuerzo, a todas luces elogiable, no es único: cae dentro de las ambicio- nes humanas. El mayor problema que plantea la obra plínica es, precisamente, la abundancia de la información, lo que ocasiona que algunos autores la consideren ligera y poco es- tricta.

Aldo Mieli, el más consciente de los historiadores de la ciencia en lengua española juzga con severidad a Plinio: “Con todo, el sabio Plinius es un hombre estudioso y erudito, pero que, al lado de una paciencia sin límites, tenía una in- comprensión total por todo lo que es ciencia, naturaleza, ob- servación”. [ 9 ] Posteriormente, confiesa Mieli que la obra de Plinio es “una mina insustituible de informaciones sobre la ciencia antigua”. Creo que no puede ser otro el juicio de un estricto historiador de la ciencia; pero también que el fi- lósofo, el historiador de las ideas y el literato disfrutan

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mucho más con la visión plínica de la naturaleza, tal como ha llegado a nuestros días, y que la riqueza de esta obra no estriba en la exactitud. No se debe pedir al romano que em- pleara métodos de la ciencia moderna, en cambio, puede vér- selo como un notable naturalista antiguo, verídico y desapa- sionado, que logró ejercer una influencia gigantesca que arrastramos hasta estos días.

Ingente labor la del que intente reunir en una lista todas las ediciones que existen de la Historia natural, trabajo tanto más formidable cuanto que durante algunos siglos las princi- pales imprentas europeas fatigaron sus prensas con edicio- nes del Plinio, al grado que, según Mieli, el libro que nos ocupa comparte con la Biblia y los Elementos de Euclides el récord de ediciones. Desde la edición príncipe veneciana en 1469, hasta 1799, se tiene noticia de 190 ediciones. [ 10 ]

Decisiva para los estudios de la naturaleza fue la obra de Plinio: método, ideas, sistematización de fuentes y espíritu erudito norman todos los trabajos de historia natural hasta el siglo xv. A partir de entonces las nuevas obras van rele- gando al olvido la Historia natural; finalmente Linneo es el golpe de gracia a la popularidad de Plinio: el Renacimiento se había acabado y la Era moderna encontraba nuevos méto- dos de investigación científica.

Empero, la influencia ejercida por el sabio romano alcanzó alturas insospechadas y la exploración del Nuevo Mundo le insufló más vida. La naturaleza americana ejerció una alta fascinación en las mentes de los europeos; no se sabe, al leer sus escritos, si es más maravillosa la real que la fantástica. Al hombre le agradan las manifestaciones extrañas de la natu- raleza, con tanta intensidad que, no satisfecho con las que a cada paso saltan a su vista, imagina otras, pobres siempre,

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simples mezclas de elementos naturales. Así, en América se buscaron aquellas especies que Plinio menciona y que no se encontraban en otras partes, añadidas con otras que la espe- ranza y el deseo de estremecimiento inventaron los primeros exploradores. A esto hay que aumentar la zoología fantástica de los indígenas, también muy variada. [ 11 ]

Plinio fue utilizado por los teorizantes de la Conquista, los cronistas y los pensadores europeos del siglo xv como una de las fuentes de más autoridad para la demostración de sus ideas. Es corriente ver citado al romano en los tratados sobre las partes del mundo, aunque en este caso la realidad física de un inmenso continente refutó las aseveraciones del erudi- to latino. Sin embargo, ahora sólo me referiré a la decisiva influencia de Plinio en las obras de los cronistas de Nueva España que se acercaron al estudio de la historia natural. Fundamentalmente, la manera en que la Historia natural fue norma para los renacentistas escritores de la naturaleza americana.

Pedro Mártir de Anglería, primero de los cronistas de In- dias, logró en sus famosas Décadas del Nuevo Mundo dar una fresca visión a los europeos del proceso de exploración en América, basada en las noticias que llegaban a la corte. Sus epistolas, escritas en distintas fechas, relatan cada paso de la secuencia colonizadora y descubridora de realidades natura- les. Siendo uno de los primeros teorizantes del problema de un continente nuevo, no develado, se apoya con regular fre- cuencia en testimonios antiguos y recae en Plinio. Ante la insospechada grandeza de los sucesos americanos y la fasci- nación de la naturaleza recién revelada, Mártir precisa justi- ficación para ciertas partes de su obra y su espíritu renacen- tista, con fuerte impronta medieval, recurre a Plinio. En un

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párrafo de su Década III libro IX (1514-1516), dedicada a León X, se refiere a diversas especies naturales americanas y se previene contra las personas envidiosas que le criticarán por distraer al papa con insignificancias mediante este argu- mento:

Pero yo quisiera que los tales me dijeran si Plinio y otros hombres insig- nes por su ciencia propusieron, al dirigir escritos como el presente o pareci- dos a los potentados, aprovechar sólo a los príncipes con quienes trataban: mezclaban ellos lo brillante con lo oscuro, lo grande con lo pequeño, lo im- portante con lo menudo, a fin de que la posteridad, con ocasión de lo princi- pal, disfrutase con el conocimiento de todo, y les fuese dado a los que vivían atentos a las cosas particulares y sentían inclinación por las novedades lle- gar al conocimiento especial de regiones y comarcas, productos de las tie- rras, costumbres de los pueblos y naturaleza de las cosas. [ 12 ]

Y más adelante encuentra la plena justificación para escri- bir sobre cosas que no vio en el ejemplo de Aristóteles y Pli- nio:

Autorizándome yo con el ejemplo de Aristóteles y de nuestro Plinio, me atreveré a referir y poner por escrito lo que algunas personas sobresalientes por su autoridad osaron proferir, pues ni aquél escribió acerca de la natura- leza de los animales lo que alcanzó a ver por mismo, sino lo que exclusiva- mente le contaron las personas que Alejandro de Macedonia envió a investi- gar con grandes gastos, ni Plinio anotó innumerables cosas dignas de re- cuerdo más que ateniéndose al testimonio oral de otros sujetos. [ 13 ]

Hasta aquí Plinio en Mártir de Anglería. Lo usa también para la polémica del continente nuevo, pero ese tema no es para mi intento. Aparece claro que no se podía usar más la obra de Plinio sin la intención de escribir sobre la historia natural americana. Esta labor reconoce a Gonzalo Fernández de Oviedo como precursor.

Dos son las obras principales de Fernández de Oviedo: la vasta Historia general y natural de las Indias, islas y tierra firme del Mar Océano (figura 1), obra que entraña un enorme y continuo esfuerzo de años, y el resumen de la parte natu- ral, el Sumario de la natural historia de las Indias, elaborado

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en un viaje y, sin contar con su material, de memoria.

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Figura 1

Portada de Historia general y natural de las Indias, islas y tierra firme del Mar

Océano, de Fernández de Oviedo

El Sumario es el primero, y fue escrito hacia 1526; consta de 85 capítulos, de los cuales 61 están dedicados a la zoolo- gía americana, 19 a la botánica y cinco a diversas particulari- dades de cosas. [ 14 ] La diferencia principal con la obra de Mártir está en que Oviedo conoció la naturaleza americana y la observó y anotó. Por ello puede decir con serenidad sobre sus fuentes de conocimiento:

La cosa que más conserva y sostiene las obras de natura en la memoria de los mortales son las historias y libros en que se hallan escritas; y aquéllas por más verdaderas y auténticas se estiman, que por vista de ojos el comedi- do entendimiento del hombre que por el mundo ha andado se ocupó en es- cribirlas, y dijo lo que pudo ver y entendió de semejantes materias. Ésta fue

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la opinión de Plinio, el cual, en su volumen dirigido a Vespasiano empera- dor, escribió; y como prudente historial, lo que oyó, dijo a quién, y lo leyó, atribuye a los autores que antes de él lo notaron, y lo que él vio, como testi- go de vista acumuló en la sobredicha su historia. Imitando al mismo, quiero yo, en esta breve suma, traer a la real memoria de vuestra majestad lo que he visto en vuestro imperio occidental de las Indias, islas y tierra firme del Mar Océano, donde ha doce años que pasé [...][ 15 ]

Pero es en la Historia general donde más se aproxima a la emulación de la obra de Plinio. Esta obra la comenzó a escri- bir en 1535, con la experiencia de muchos años vividos en América. [ 16 ] El proyecto que realizó era el más ambicioso y el libro es, como el de Plinio, de vastos alcances. En Oviedo nos encontramos ya la Historia natural como modelo para los tratados sobre la naturaleza americana. Las citas a Plinio empiezan con la obra. En la dedicatoria al rey le dice: “En todo recompense Vuestra Magestad con mi desseo las faltas de la pluma: pues dixo Plinio de la suya en el prohemio de la Natural historia, que es cosa difícil hacer las cosas viejas nuevas, é á las dar autoridad y a las que salen de lo acostum- brado, dar resplandor, é á las obscuras, luz; y á las enojosas, gracia; é á las dudosas, fé”. [ 17 ] Bien, pero esta imitación del sabio latino no es servil (lo refuta ampliamente en oca- siones) y entiende que no se debe repetir su obra, por lo que comenta que no incluirá las generalidades que se pueden ver en Plinio (más tarde, Francisco Hernández llevó esta idea a sus últimos límites). El propio Oviedo aclara su método:

Mas porque en alguna manera yo entiendo seguir, o ymitar al mismo Pli- nio, no en decir lo que él dixo (puesto que en algunos lugares sean alegadas sus autoridades, como él lo fizo, confesaré lo que él aprueba en su introduc- ción; donde dice, que es cosa de ánimo vicioso y de ingenio infelice, querer más ayna ser tomado con el hurto que volver lo que le fue prestado, máxime aviándose capital de la usura; pues por no incurrir en tal crimen, ni descono- cer al Plinio lo que es suyo (quanto á la invención y título del libro) yo le sigo en este caso. [ 18 ]

Oviedo confiesa después que en lo único que se apartará

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del maestro es en el relato del descubrimiento y conquista. Así, divide su obra en tres partes, con un total de 50 libros; la primera parte, de 19 libros, está completamente dedicada a la historia natural, la tercera también incluye este género de

noticias.

No sólo nuestro cronista se propone seguir a Plinio, sino que lo realiza conscientemente; el capítulo 1 del libro II se llama: “De las opiniones que hay cerca á quien dirigió Plinio su libro de la Natural Historia: é también relatando en parte sumariamente las materias, de que se trata en este libro se- gundo”. En él proporciona una confusa explicación de la forma en que sigue la Historia natural. Éste es, desde luego, uno de los más notables esfuerzos en torno a los estudios de historia natural. Sin embargo, no fue definitivo.

Enemigo jurado de Oviedo fue fray Bartolomé de las Casas. En 1527 empezó su Historia de las Indias, opuesta a la obra de aquel cronista. Escaso es el material de las Casas sobre este tema, aunque debe confesarse que la historia que le interesaba era política. Hace este autor una enumeración de autoridades antiguas, entre las que incluye a Plinio, si bien cuando explica el orden de su Historia, según los auto- res a los que imita, no aparece el naturalista romano. Las re- ferencias son breves y tendientes al problema del Nuevo Mundo. [ 19 ]

Dando un salto en el tiempo, aparece en 1590 la obra de José de Acosta. Su Historia natural y moral de las Indias (fi- gura 2) es de importancia trascendental en los terrenos del pensamiento español sobre el continente nuevo. La obra del jesuita Acosta marca una importante etapa en la cosmovi- sión europea, magistralmente analizada por Edmundo O'Gorman en la edición que preparó para el Fondo de Cultu-

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ra Económica. [ 20 ] Buena parte del libro se refiere a cues- tiones naturales, aunque no con la acuciosidad de Oviedo: Acosta se interesa más por reducir el continente a una nueva visión del mundo; por ello, cuando invoca a Plinio, es para disculparse de no intentar imitarlo:

Si de estas cosas naturales de Indias —dice— se hubiese de escribir copio- samente y con la especulación que cosas tan notables requieren, no dudo yo que se podría hacer obra que llegase a las de Plinio, y Teofrasto y Aristóte- les. Mas ni yo hallo en ese caudal, ni aunque le tuviera, fuera conforme a mi intento, que no pretendo más de ir apuntando algunas cosas naturales que estando en Indias vi y consideré, o las de personas muy fidedignas, y me parece que no están en Europa tan comúnmente sabidas. [ 21 ]

Este párrafo se encuentra en el capítulo 1 del libro 1, inti- tulado: “Que la historia natural de cosas de las Indias es apa- cible y deleitosa”.

HISTORIA

NATVWRAL MORAL DELAS

INDIAS,

EN QVE SE TRATAN LAS COSAS notables del cielo, y elementos, metales plantas, y ani- males dellas: y los ritos y ceremonias, leyes, y gouierno, y guerras delos Indios.

Compucfta por el Padre 1ofeph de Aco/ha Religiofo dela Compañia de Iefiws.

DIRIGIDA ALA SERENISSIMA Infanta Doña labella Clara Eugenia de Auftria.

Año de 159.0.

Figura 2

Portada de Historia natural y moral de las Indias, de José de Acosta, 1590

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Para los propósitos de Acosta, Plinio ya no es materia prima de altas consideraciones. Lo utiliza poco, tal vez por haberse dado cuenta de que la realidad americana no entró, definitivamente, en los cálculos del romano y por ello no concuerda con sus propósitos. El jesuita español elogia a Dios por permitir conocer las Indias:

[...] En fin, es bien considerar la providencia y riqueza del Creador, que repartió a tan diversas partes del mundo tanta variedad de árboles y frutales, todo para servicio de los hombres que habitan la tierra; y es cosa admirable ver tantas diferencias de hechuras, y gustos y operaciones no conocidas ni oídas en el mundo, antes que se descubriesen las Indias, de que Plinio y Dioscórides, y Teofrasto, y los más curiosos, ninguna noticia alcanzaron con toda su diligencia y curiosidad. [ 22 ]

Una cita más de Acosta: al hablar de las minas comenta: “esto es de Plinio, que aunque habla como historiador de en- tonces, más parece profeta de agora”. [ 23 ] Curiosamente Feijoo es uno de los primeros en llamar “Plinio del Nuevo Mundo” a un cronista, y le adjudica el título al P. Acosta. [24 ]

A partir de Acosta empieza la disolución de la influencia de Plinio en los escritores de las Indias en general, y en par- ticular de la Nueva España. La sorpresa había pasado y Amé- rica ya se ajustaba en la mentalidad europea, su naturaleza formaba parte del patrimonio general y se estaban experi- mentando nuevos métodos de conocimiento científico.

Un año posterior a Acosta (1591); es un oscuro personaje, taumaturgo a medias y a medias charlatán, pero de enorme vitalidad y atractiva pedantería: el doctor Juan de Cárdenas, autor de un libro llamado Problemas y secretos maravillosos de las Indias (figura 3). En él vuelca con entusiasmo inconte- nible la última de las visiones plínicas y aristotélicas de la naturaleza americana. Le interesan más las cosas extrañas

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imposibles que las que existen a su vista. En su afán de abul- tar las maravillas de las ya no tan nuevas tierras, acusa ver- daderas irreverencias al naturalista latino, y tranquilamente se pone a comparar las asombrosas especies de Plinio con las mejores que él escribe:

[...] qué pudo decir ni encarecer Plinio del cocodrilo, que no escriba el fi- lósofo indiano del caimán de esta tierra, pues cotejadas sus propiedades con las del cocodrilo, son las del caimán muy más notables, y excelentes que se cuentan del elefante, que no haya mucho más en el rinoceronte de la India Oriental [...] Pues si en el mundo hubo sierpes y culebras ¿dónde las pudo haber mayores que en esta tierra de las Indias? Pues hierbas, frutas, pesca- dos y animales, ¿qué libros serían bastantes para poderlo todo poner en suma? He dicho todo esto y usado de este preámbulo para que con razón se entienda la lástima de esta tierra, pues a ella sólo faltaron escritores que ilustrasen y engrandeciesen sus cosas. [ 25 ]

Si bien no lo declara abiertamente, nuestro Cárdenas piensa que su obra sobrepasa a la de Plinio en maravillas, como comprueba este orgulloso párrafo: “Todo esto parecerá que por ser cosas casi sabidas de todos no causarán aquella admiración que las cosas que en su natural historia refiere Plinio, yo lo confieso así. Pero por remate de este capítulo contaré con verdad y certísimo testimonio, de gente que lo ha visto, cosas que si sólo las oyera Plinio, quedara absorto y espantado”. [ 26 ] Pasa enseguida a referir ciertos hechos como el árbol que si se raspa en un sentido es un mortal ve- neno y si se lo raspa en el sentido contrario se obtiene el contraveneno, o aquellas plantas medicinales de los indios que curan a hombres casi despedazados. Con todo, el libro de Cárdenas es importante y ameno.

20

PRIMERA PARTE DELOS PROBLEMAS, y lecieros. maravillofos de las ludias. Compuefta por el Do- €tor luan de Cardenas Medico,

Dirigida al lloRtrilsimo Señor Don Luys de Velalco, Virrey da nueva Elpaña.

Con Licencia. En Mexico, En cafa de Pedro Ocharte.Añod 1531.

Figura 3

Portada de Problemas y secretos maravillosos de las Indias, de Juan de Cárdenas, 1591

El siglo xv1n marca ya la muerte de la obra de Plinio. Los escritores dejan de citarlo como modelo y cada vez las men- ciones a su libro son más espaciadas. El gradual alejamiento del romano se nota en todos los autores que se interesan por la historia natural. Medio astrólogo también, formidable in- geniero y tipógrafo y hombre de gran imaginación, Henrico Martínez dejó una obra de cierta importancia: el Reportorio de los tiempos e historia natural de Nueva España (figuras 4 y 5). Pese al tema y al método, casi no aparece Plinio: tres citas existen, sólo con referencia a síntomas de enfermedades. [ 27 ] Tres veces también aparece el romano en el Teatro me- xicano de Vetancurt, escrito a finales del siglo xvn; las refe- rencias son pequeñas y da la impresión de refutarlo cono-

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ciéndolo de segunda mano. Y Vetancurt dedica toda la pri- mera parte a la historia natural. [ 28 ]

REPORTORIO:

DE LOS TIEM.

POS, Y HISTORIA NATVRAL DESTA NVEVA ESPANA.

(63) Compuefto por Henrrico Martinez, Cofmograpbo de fu Ma- ¿e ftad ? Interprete del Sanéto Officio defle Reyno.

E . . Diri gido al Excellentifsimo Señor Don luan de Mendoga y Luna Marques de

Montefclaros, Virrey, Gouernador, Prelidente y Cappi. tan General por el Rey noefiro Señor eo eda Nueva Blpaña Bco

A e Da

CON LICENCIA Y PRIVILEGIO. Mexico.

a Enla Emprenta del mefwo autor eño de 1 606.

Figura 4

Portada de Reportorio de los tiempos e historia natural de Nueva España, de

Henrico Martínez, 1606

22

L 40000, echijunedoz: denota el mes de Margo, yla A. el mesdo Abril, y laotra M. el mes de Mayo, y lal, Lunio

le orre 1. 1ulio, y lo mifro fe ade entéder de las demas lerras que ca. da vaa fgrifica fu mes, y vale fucefion dellos de lamanoderecha axis Taixquierda. cocos

Horas del dia.

Horas de noche,

PoreJe entre el pligo D,y E. A pag. 364

Figura 5

Calendario y reloj basado en los signos zodiacales, en Reportorio de los tiempos e

historia natural de Nueva España, de Henrico Martínez, 1606, p. 36

Producto del siglo xvm son las expediciones científicas y la fundación del Jardín Botánico. Las ciencias naturales se vuelven más exactas y concurridas, y Plinio deja de mencio- narse. No ocurre lo mismo con Francisco Hernández, su magnífico continuador del siglo xv.

La historia del libro de Francisco Hernández es bien cono- cida. Resumida, queda así: Felipe II envió a su médico a la Nueva España para trabajar en la historia natural y elaborar un completo libro. Francisco Hernández comenzó su obra en 1571 y la terminó en 1577. Durante todos esos años fatigó con su hijo los caminos del virreinato recopilando datos y aprendiendo los herbarios de la farmacopea indígena. Al ter- minar su grandiosa labor fue a España con el original que,

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empastado a todo lujo, ornó los libreros de El Escorial. Fran- cisco Hernández murió en 1587.

La obra hernandina corrió siempre con suerte adversa. Muchas ediciones se intentaron, pero todas resultaron in- completas y defectuosas (1606, Barrios; 1615, Francisco Xi- ménez (figura 6); 1630-1651, edición en Roma (figura 7); 1790, edición en Madrid (figura 8); y 1942 edición en Méxi- co). [ 29 ]

EEES ESE ESSE 2% QVATROLIBROS, x0%

E LA NATV- E

55

RALEZA, Y VIRTVDEs DE LAS z plamas » y animales que ellan receuidos enel vío le Medicina en la Nueva Efpaña, y Ja Methodo, y correc- cion, y preparacion ,quepara ad miniftrallas (e requiere con lo que el DoBor Francifco Hernandez deriuio S— enlengua Latina. —» MVY VTIL PARATODOGENERODE A gente $ viu eneftacios y Pueblos do xo qy Medicospi Botica. ES 4 Traduzido, y aumentadosmuchos fimples, y Compuellos Y Otros muchos fecretos curativos, por Pr Franciíco Xi: menez, hijo de] Conuento de 5. Domingode Mexico, Natural de la Villa de Luna del Reynode Aragon. £ ANO R., P. Macfiro Fr. Heracudo Bazan, Prior Pronincialue 'Prouincla de SARiggo de Mexico de la Orden de losT redicadores, y Catbedratito 1ubilado de Theokgic y

ja enloV siverfidad Real. »

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RA A de En Mexico, en Cafe dela V iudade Diego Lopez.Danalos. 1 6 1 Vendéfe enla tienda de Diego Garrido,en la efguira de

la calle de Tacuba, y enJa Porteria de S.Domingo.

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Figura 6

Portada del libro de Francisco Hernández, 1615

24

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Figura 7

Portada del libro de Francisco Hernández, 1649

25

FRANCISCI HERNANDI MEDICI ATQUE HISTORICI PHILIPPI II. HISP. ET INDIAR. REGIS, ET TOTIUS NOVI ORBIS ARCHIATRL, OPERA,

CUM EDITA, TUM INEDITA,

AD AUTOGRAPHI FIDEM ET INTEGRITATEM EXPRESSA, IMPENSA ET JUSSU REGIO. VOLUMEN PRIMUM. ES MATRITL

EX TYPOGRAPHIA IBARRAE HEREDUM. ANNO M.DCC.LXXXX.

Figura 8

Portada de Medici atque Historici, de Francisco Hernández, 1790

Hasta nuestros tiempos se está haciendo justicia a la obra del doctor Hernández. Cumplía a la Universidad Nacional hacer ese trabajo y lleva ya editados seis tomos de las Obras completas en un esfuerzo poco común. [ 30 ]

Francisco Hernández es un individuo extraño. Es fácil imaginarlo como su rey, retraído, místico y absorto en su obra en forma inhumana. Sólo un total desprecio por las cosas mundanas permite concebir un trabajo semejante. Cerca de siete años dedicó a la clasificación y descripción de plantas, animales y minerales con aplicación ejemplar, muy próxima a la de su maestro Plinio. Miles de datos acumula- dos dificultosamente hacen de Francisco Hernández el más notable naturalista del siglo xvi. El español logra emular completamente al romano.

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La Historia natural de Nueva España consta de tres partes. La primera es la soberbia Historia de las plantas de Nueva Es- paña, colección única que incluye descripciones de cerca de mil doscientas especies mexicanas, con tres datos principa- les: forma de la planta, uso medicinal y práctico, y lugar donde se da. Esta parte es desde luego la más sólida de la obra de Hernández. El otro opúsculo es la Historia de los ani- males de la Nueva España, dividida en cinco tratados sobre los cuadrúpedos, las aves, los reptiles, los insectos y los ani- males acuáticos, menos formidable que la anterior. La terce- ra es una brevísima Historia de los minerales de Nueva Espa- ña de alcances limitados. [ 31 ]

La influencia de Plinio en la obra de Hernández es de lo más evidente. Método, exposición y forma de trabajo de Hernández revelan muchas lecturas de la Historia natural y su completa asimilación. Más aún, Hernández dedicó mucho tiempo a la traducción del naturalista latino y lo presenta como un modelo insustituible para las obras de historia na- tural. En el prefacio al lector, Hernández escribe estos jui- cios:

Ciertamente, la magestad de naturaleza a cada paso se levanta sobre lo que la grosera muchedumbre y canalla vulgar sabe ser verdadero y posible. Ni todos ven las cosas, ni todas acontecen a todos lugares; unas se hacen en unas regiones y otras en otras, según es la naturaleza de cada una; unas ven los australes y otras los septentrionales; unas los de Oriente y los de Occi- dente otras, y cada autor da noticia de lo que pasa en su clima y cielo a los que habitan en provincias distantes y apartados paralelos. Y ansí, Plinio, o

escrive lo que vido (de que fue tan curioso que murió, como dizen, en la de- manda) o allega y remite a los autores acerca de los cuales lo halló. [ 32 ]

En torno a las dificultades de la traducción:

Y si Plinio mereció inmortal fama y que le agradeciese su edad y las que le habían descender, sacar de tan numerosa caterva de autores, en compendio, tan sublime y alta doctrina, hallándola clara, distinta y bastante dilatada, ¿qué se dirá que haze el que no sólo la tiene de trasladar, pero entender e

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ilustrar, aprobar, improbar y hazer censura y juizio della, hallándola tan ci- frada y desgajada de los autores de donde la sacó y apartada de otras cláusu- las que havían de darle luz y hazer más inteligible? [ 33 ]

En otro párrafo encarece más la traducción y la obra:

No es poco desenterrar un tesoro escondido por tantos siglos en las entra- ñas de su dificultad y adaptar nombres tan peregrinos a cosas que traemos entre las manos, y expresar en nuestra [lengua] hespañola un estilo de quien está dicho que, si las Musas hablaran, en este lenguaje y no en otro lo hicie- ran, exprimiendo, no sólo los conceptos deste autor, mas la fuerza de su elo- cuencia, el movimiento de sus labios y el susurro de sus palabras. [ 34 ]

Por otra parte, Hernández escribió sus libros en latín.

Alto juicio de Hernández sobre Plinio. Pero lo magistral del español fue su deseo de emularlo, mediante un osado proyecto. La idea central de Hernández (la más asombrosa que sobre la obra del romano se concibiera en tierras espa- ñolas), ya intuida por Oviedo, era que la Historia natural contenía el total de los conocimientos de la naturaleza del Viejo Mundo, de forma que sólo restaba continuarla con la misma paciencia y riqueza erudita en el Nuevo Mundo para tener la visión detallada y completa del orbe terrestre y glo- rificar a Dios.

Magno proyecto, sin duda. Dejemos que Hernández se ex- plique: buscando una materia a qué dedicar sus afanes

[...] entendí no haber ottra más conveniente al género de mis estudios y profesión, al gusto de vuestra Real Magestad y al aprovechamiento de la na- ción española, que aquella que tractase de la historia de todas las cosas que Dios, Nuestro Señor, crió en la fábrica deste mundo, cuyo conoscimiento, aliende que es sabrosísimo y muy necesario a la vida y salud de los hombres, nos da a entender como en muy claro espejo la magestad del Hacedor y combida a que le amemos y sirvamos [...] Faltaba dar traza a tan alta empre- sa y parir prósperamente a la luz lo que con tanta felicidad y favor del cielo havía concebido, pero no hallava en la elocuencia y aparejo que requería semejante invención o libros de donde lo tomase, hasta que se me vino a la memoria estar todo mi deseo encerrado en la divina Historia de Plinio, donde (como él dice en el Prohemio) comprehendió 20 mil cosas notables, de las cuales tocan pocas a los estudiosos, con lección de dos mil libros, sacadas

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de 100 autores exquisitos y raros de que hoy apenas tenemos algunos y, esto, tan elegante, ordenada y diligentemente, con tanto compendio y sus- tancia, que no hay capítulos que no pudiesen dilatarse en un complido volu- men. [ 35 ]

La concepción de una obra semejante, la aspiración de hacer la historia de todas las cosas creadas por Dios, tiene mucho de arrogancia renacentista pero más de espíritu mís- tico. Hernández trabajó arduamente su proyecto y aunque logró culminarlo, murió sin verlo publicado.

“El ejercicio de las letras puede promover la ambición de construir un libro absoluto, un libro de los libros que incluya a todos como un arquetipo platónico, un objeto cuya virtud no aminoren los años” comenta Borges en Otras inquisicio- nes, [ 36 ] y cita a los antiguos que se propusieron elevados asuntos. No aparece Plinio. Cara a Borges es también la idea de que en realidad existen dos libros: los textos sagrados y el universo. Tal vez Plinio fue el primer hombre que intentó ci- frar toda la naturaleza en un solo libro. Quizá Francisco Her- nández así lo entendió, y llevó su ambición y piedad a tratar de reducir a escritura la totalidad de su universo.

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II. ASPECTOS DE LA TECNOLOGÍA

EN LA COLONIA NOVOHISPANA

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H. ASPECTOS DE LA TECNOLOGÍA EN LA COLONIA NOVOHISPANA

ara cumplir mi propósito de externar algunas de

las preocupaciones que me asaltan cuando me

ocupo de temas de la tecnología colonial mexicana,

he creído oportuno presentar ejemplos que me permitan

hacer ciertas consideraciones sobre el tema de la ponencia, y

poder terminar con propuestas sobre la mejor forma de abordarlo en trabajos fructíferos de investigación.

Es obvio que mi primer deber sería definir y marcar las connotaciones del término “tecnología”. Sin embargo, es de esas nociones históricas que por estar inmersas ellas mismas en el devenir temporal, pueden convertirse en un tema de suyo, justo en el momento en que se debate su definición desde alguna doctrina historiográfica. Creo que no conviene empantanarse, dado que parece haber un consenso sobre el término y mientras más amplio lo dejemos mejor nos permi- tirá la investigación, a reserva de restringirlo después. Se podrá decir, en general, que es una noción histórica útil para estudiar tanto el instrumental del que se vale el hombre para asaltar, modificar o apropiarse del medio natural y humano, cuanto el complejo ideológico de las formas y los métodos para lograrlo. Su relación con la ciencia es, obviamente, más compleja que la que se engloba en la vieja definición de “ciencia aplicada”. Por otro lado, su identificación, sin más, con las fuerzas productivas, tiene también su necesidad de buscar matices y redefiniciones, que no creo sean un trabajo fácil. Quizá el empírico sea el mejor camino para aproximar- nos al tema.

Por colonia novohispana entiendo un fenómeno histórico

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de tres siglos, durante los cuales un país de la Europa occi- dental conquistó, pobló, aculturó y mantuvo dependiente a una población indígena que, al momento mismo del encuen- tro, tenía un estadio social, económico y tecnológico menos avanzado que el de los conquistadores. La colonia novohis- pana es, precisamente, lo que ocurrió entre ambos persona- jes en un territorio específico en los años 1521 a 1821. Pero, a fin de cuentas y para mi propósito, son dos personajes tec- nológicos.

Los grupos indígenas poseían simples o elaboradas formas tecnológicas apropiadas a su medio y a su formación socio- económica, que conservaron o modificaron a partir del cho- que de la conquista. Los invasores europeos traían consigo una tecnología que trasplantaron, impusieron, modificaron o sustituyeron al enfrentarse al inédito mundo natural y hu- mano. La historia de la tecnología en la Nueva España se puede reducir, entonces, a la de una nueva relación social en un espacio dado. O, dicho de otro modo, es la historia de la ideología y el instrumental que se aplicó para enfrentar la especificidad de la realidad social y natural de un mundo, que no por nuevo era sustancialmente distinto.

Con esto puede parecer que pretendo que toda la historia es tecnología. Pero no es así; me propongo simplemente